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Historias de Protocolo II. Eximentes de la responsabilidad notarial

Transcribimos a continuación,  la segunda entrega de esta colección de anécdotas y comentarios que gentilmente nos ha ofrecido el Dr. Herman Mora Vargas   Su primer artículo, la semana pasada, fue muy bien recibido: ( http://www.puntojuridico.com/historias-del-protocolo/ )

Los invitamos también a participar con sus opiniones, las cuales enriquecerán aún más este foro.

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«Sin tenerlo muy claro (han pasado los años), recuerdo a mi madre repetirle a mis hermanas algo así como: “… el arte de subsistir es saber decir que no.»    Se los decía con tanta insistencia a ellas, a la usanza de una educación machista propia de la época, sin percatarse que el tiempo demostraría que el más necesitado del consejo: era yo.

Muy afín con la función notarial, he podido comprobar que decir que no, es decir, abstenerse de actuar, puede “salvar vidas”. A mi juicio, una buena cantidad de problemas en que nos vemos los notarios, se hubieran podido evitar de haber desistido de alguna actuación. Como he oído tantas veces: «… hubiera preferido no ganarme aquel dinero.»

Siguiendo una forma preestablecida, el Derecho Notarial se debe a normas que permiten o no permiten hacer, independientemente de la producción de un daño o de la existencia de culpa o dolo.

“…La falta grave se configura no solo cuando hay perjuicio a las partes, sino también cuando hay perjuicio a terceros, a la fe pública, así como cuando se incumplen condiciones, requisitos o deberes propios del ejercicio del notariado contemplados en las leyes y en este caso, independientemente de que si causan o no perjuicio a las partes, lo que hubo fue el incumplimiento de un deber estatutario …” (voto 239-2005 Tribunal del Notariado)

Es frecuente ver en documentos notariales, manifestaciones “extra-norma”, que sobrepasan lo establecido y no colaboran en eximir la responsabilidad del cartulario. Muchos notarios se olvidan de que ostentamos una función pública y creen posible dejar, a la soberanía de los contratantes, dentro de un concepto de libertad contractual, la posibilidad o no de cumplir con ciertos deberes, por ejemplo, con la inscripción de los intrumentos autorizados.

Veamos:

“LAS PARTES RELEVAN DE CUALQUIER RESPONSABILIDAD CIVIL O PENAL QUE PUEDA TENER EL NOTARIO Y LO AUTORIZAN PARA QUE PUEDA SUBSANAR CUALQUIER ERROR” Con esta advertencia, pretendió evitar una eventual responsabilidad civil y penal. En cuanto a la penal debe entenderse que la misma es nula, pues no está dentro del ámbito de la autonomía de la voluntad eximir la comisión de un ilícito penal.»  (Tribunal Notarial número 144 del 21 de mayo del 2004)

En concreto, no siempre se sitúa dentro de la soberanía de las partes, eximir al notario de sus funciones, específicamente la de inscripción. Vale la pena recordar lo señalado, ya que con frecuencia hay que enfatizar a los colegas su obligación, casi indiscutible, de su deber de inscripción. Mas aún, tampoco es eximente la negativa de las partes de suscribir escrituras adicionales, ya que esto no se contempla como una obligación de los contratantes. Es así que si autorizamos el instrumento nos comprometemos a su suerte y a que despliegue sus efectos jurídicos. A no ser (como casi única razón de justificación) de PODER DEMOSTRAR QUE NO HAN SIDO CANCELADOS LOS GASTOS CORRESPONDIENTES. Hago hincapié en la posibilidad real de tal demostración.

«Por otro parte la denunciante no demostró en el proceso que hubiera pagado monto alguno de dinero en concepto de honorarios y gastos de inscripción y manifestó al contestar la pregunta séptima que: “Es cierto yo no le entregué nada a ella por concepto de honorarios, derechos» Esas son razones suficientes para declarar sin lugar la denuncia.» (Tribunal Notarial voto 1673 2002) Ahora hay que aclarar que no siempre la carga de la prueba se le debe imputar al denunciante, siendo en estos casos, lo contrario la forma predominante.

El deber de inscripción es imprescriptible según lo determina la legislación y la jurisprudencia.  Diez años a lo sumo, según mi solitaria opinión.  Pero se debe ser claro, existen casos en que el entuerto del instrumento es tal que no admite ni siguiera la obligación de inscripción. Por ejemplo:

«El Tribunal no puede obligar a la inscripción ya que … por tratarse de un negocio contrario a la ley, no puede el tribunal ordenar su inscripción ni mantener la sanción hasta que se inscriba y por eso en cuanto a esos extremos, la sentencia ha de ser revocada para denegarlos» (Tribuntal Notarial, voto 61 de las 9;40 horas del 22 de marzo del 2007)

Atinente a lo señalado se debe ser enfático que en algunas ocasiones hay que abstenerse categóricamente de actuar. Un par de casos que recuerdo, ilustran lo dicho.

“La existencia de esa inmovilización (se refiere a una nota de advertencia de una inmovilización de un inmueble) era una razón suficiente para que el notario se abstuviera de autorizar la escritura citada, independientemente de si las demás anotaciones estaban caducas, porque de acuerdo con el artículo 7 inciso d, del Código Notarial es prohibido para el Notario…” (Tribunal de Notariado Voto 114 de las 10:10 horas del 12 de junio del 2001)

Como se puede suponer esta no es una razón eximente que esté en resorte de las partes establecer.

Además, así como las partes eximen al notario en un momento,  así después lo denuncian.

Más aún existen casos menos contundentes que aquel recién referido, en que se cartula sobre un inmueble que cuenta con limitaciones (IDA, BANHVI etc).  Por lo general, se estilan sanciones de seis meses de suspensión. Sin embargo eso no es lo peor, sino el riesgo de afectar la finca para que por medio de ocurso, (del IDA en los casos que conozco) procure su desinmatriculación. De suerte tal que el inmueble “desaparecería” de la corriente registral, todo por un error achacable al notario. Más precisamente, afino el caso donde las partes literalmente le rogaron al notario para que realizase un traspaso de un inmueble con limitaciones que estaban a punto de vencerse. La prueba contundente respaldaba a la eximente de la responsabilidad del notario y a la súplica, particularmente del comprador (quien sabía estaba haciendo un excelente negocio) para que se realizara el instrumento.

El plazo para la inscripción, como es sabido, es de seis meses, de tal suerte que no debe ser tramitada ninguna denuncia que se interponga antes de dicho plazo contado a partir del la fecha del otorgamiento.

Se debe tener siempre muy presente que en caso de cartularse sobre un inmueble que cuenta con anotaciones, «mi escritura» corre, como es sabido, la suerte de aquellas anotadas anteriormente.  De ahí, lo delicado de escriturar bajo estas circunstancias.   En estos casos las partes se encuentran facultadas para denunciar al notario que autorizó la escritura en la que ellas comparecieron.  No pueden dirigirse contra el notario o notarios que mantienen documentos anotados,  en las que no fueron contratantes.

Ahora bien, una vez iniciado el procedimiento disciplinario donde se exige la inscripción de un documento, si éste resulta inscrito dentro del plazo que previene el Juzgado, la denuncia no puede concluir en una sanción (Tribunal del Notariado voto No 43-2006)

Concluyendo y haciendo mías las palabra de la Sala Constitucional, en resolución de las 14:38 horas del día 27 de febrero del 2001:  «… La inscripción registral, en tanto tiene efectos informativos hacia terceros, debe considerarse en un estado de Derecho, parte de los atributos del dominio: y que se requiere de una inscripción registral para practicar actos de trasmisión a tercero…»

A veces pienso que lo más importante de mi vida lo aprendí en el kinder. Sin embargo, con tantos años y aún no he aprendido, lo suficiente: !A decir que no!»

Experto en Derecho Notarial. Coredactor del Código Notarial. Redactor del Libro Manual de Derecho Notarial. Miembro de la Academia Notarial Americana. Profesor universitario en varias universidades de América Latina. Master Lex no hace necesariamente suyas, las opiniones o comentarios que se publican en este foro. Ofrecemos el espacio como un servicio a nuestra comunidad de suscriptores. No se admiten comentarios contrarios a las leyes o injuriosos. Nos reservamos el derecho de eliminar aquéllos que consideremos inapropiados, así como de editar o eliminar cualquier documento, información u otro componente que aparezca en esta publicación. La veracidad de la información es responsabilidad de las fuentes citadas.

4 de 11 Comentarios

  1. yesenia rojas • 21 febrero, 2016

    Sumamente interesante y aplicable a cualquier profesión, no solo por lo que nos corresponde sino por lo que nos apasiona, como abogados, muchas materias y casos no son lo nuestro y cuanto mas sabio saber decir que no. Como Notarios la cosa cambia, en muchos casos estamos obligados a actuar, y eso me recuerdo las palabras de un amigo defensor publico, cuando me dijo una vez, al menos usted puede decir si defiende o no a un imputado, yo debo hacerlo como inocente si insiste en ello aun sabiendo que es culpable.

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  2. Herman Mora • 29 enero, 2016

    Estimados amigos.
    Realmente me emociona sentir que estas reflexiones provocan precisamente eso, reflexionar, interiorizar, es decir:Tomar conciencia. Una frase que he citado muchas veces proviene de Maria Teresa de Calcuta. «El problema de la pobreza no es la falta de dinero, sino la falta de conciencia.» Una de nuestras realidades de nuestra profesión implica el interiorizar a cada segundo lo que debemos hacer. en el notariado no admiten actos mecánicos sino prudenciales. Sin embargo soy fiel creyente de aquello que es un derecho universal. El derecho al error. Todos nos equivocamos. Pero no hagamos del error nuestro modo operan di. DE NUEVO MUCHAS GRACIAS A TODOS.

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  3. Edgar Alvarado Luna • 28 enero, 2016

    Excelente artículo don Herman. Pero el decir que no también se convierte en un arte que hay que dominar. Ciertamente en la función notarial no pocas, sino muchas veces… es mejor decir que no.

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  4. Lic Lourdes • 26 enero, 2016

    DECIR NO: el onceavo mandamiento del Abogado. ( yo lo pondré de primero) Gracias Herman.

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